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Guillermo Adolfo Torres Gómez
Artículo de teología
Vestigium de la persona como categoría moral en San Buenaventura
21 de junio de 2021
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Vestigium de la persona como categoría moral en San Buenaventura
Resumen
El desarrollo del vestigium de la persona como categoría moral en San Buenaventura parte de
un modelo atractivo focalizado en desarrollar un proceso de imitación de la vida de Cristo. En el
presente artículo se da cuenta como la comprensión de la categoría moral parte de una
constitución de una teología moral franciscana acorde con la idea de imagen y semejanza divina,
la cual implica un proceso de proyección de Dios en el hombre. De esta manera, se exhibe al
vestigium como una huella dentro del hombre que evidencia al ser humano en una dimensión
ética, prestando con ello la constitución de una cosmovisión sustentada en una actividad humana;
lo que entabla un dinamismo con el otro y con la naturaleza. La comprensión de la incidencia del
vestigium en la categoría moral da como resultado una reflexión antropológica moral sustentada
en una dimensión relacional que busca, esencialmente, un acercamiento intencional a Dios a
partir de una perfilación ontológica que satisface lo establecido en el Evangelio y en el argumento
que Dios es amor.
Palabras clave vestigium, ontología, moral, franciscanos, antropología.
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Tabla de contenido
Resumen ......................................................................................................................... 2
Palabras clave vestigium, ontología, moral, franciscanos, antropología. ................ 2
Introducción .................................................................................................................... 4
1. Rasgos de la Teología Franciscana .................................................................... 6
2. Vestigium de la persona como categoria moral en san buenaventura ......... 12
2.1 Perspectivas del Vestigium en San Buenaventura ................................................ 14
2.2 Metafísico .............................................................................................................. 17
2.3 Moral Práctico ....................................................................................................... 20
2.4 Hermenéutico ........................................................................................................ 23
3. Conclusiones ............................................................................................................ 25
Referencias ................................................................................................................... 27
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Introducción
La comprensión del pensamiento antropológico de San Buenaventura se ha establecido
como elemento fundamental para comprender la concepción de la persona,
principalmente por sus aseveraciones en relación con el alma humana y sus facultades
vinculadas al concepto de vestigio; el cual proviene de la planeación base de la idea de
Trinidad. En el presente artículo, se desarrolla un proceso de reflexión en torno al
concepto de vestigio dentro de la concepción moral de la persona, comprendiendo al
vestigio como huella divina naciente al considerar a Dios como un proceso santificante y
que dota de virtudes teologales al ser humano, en relación con la fe, la esperanza y la
caridad.
De acuerdo con la doctrina de Buenaventura, el concepto de moral parte de un proceso
teológico, en el cual a partir de un modelo o un patrón se constituye la idea de un Dios
creador que dota a la naturaleza y al ser humano de una serie de características y
afinidades acordes con su pensamiento y proceder. A estas características se les
denomina vestigio que, de acuerdo con la Sagradas Escrituras, responde a la idea que
Dios habita en la naturaleza y deja parte de su esencia (imagen y semejanza) en el
hombre. Para comprender dicha interacción conceptual y hacer una aproximación a la
concepción moral de la persona, el texto desarrolla un proceso de reflexión de diferentes
fuentes, como el sermón Christus unis ómnium, donde Buenaventura da cuenta de la
conformación y principio creativo trinitario; y la forma como se concibe el conocimiento y
la sabiduría.
De esta manera, el texto aborda un proceso de reflexión de la cosmovisión y ética
teológica donde se identifica que el concepto de persona como de moral parte de
fundamentos teóricos y prácticos asociados con la sabiduría y los principios establecidos
desde el Evangelio, retomados por Francisco de Asís y Buenaventura para entablar una
finalidad: el acercamiento a Cristo desde su voluntad de caridad y amor. De esta manera,
la moral que se entabla desde el discurso franciscano se asocia con la idea de un
itinerarium mentis in Deum que hace referencia a la voluntad sustentada en Dios para
cumplir con aquellos designios establecidos en las sagradas escrituras.
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A partir de ello, se expone a lo largo del texto un proceso de configuración de teología
moral franciscana que exhorta a entablar un comportamiento sustentado en lo moral para
alcanzar una coherencia lógica de la vida cristiana de acuerdo con un modelo único
cristocentrista de revelación sustentado en la verdad, la vida y el camino. Cabe mencionar
que, desde una perspectiva franciscana, el concepto de la moral en la persona se
convierte en un proceso de responsabilidad de vida, centrado en un comportamiento
ejemplar e integral que denote de manera concreta el vestigio divino en el ser humano.
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1. Rasgos de la Teología Franciscana
El estudio de la teología franciscana permite identificar los núcleos y posiciones que se
establecen desde su configuración, vinculándolos, principalmente, con la cosmovisión y
sensibilidad en torno a la configuración social y a la experiencia de vida evangélica. De
esta manera, la preocupación que se desarrolla a la hora de entablar o caracterizar la
teología franciscana se da al pensar una serie de preguntas encaminadas a conocer y a
amar a Dios, en relación con la sociedad actual y el comportamiento del hombre con sus
congéneres
1
. Por lo tanto, y con una fuerte apreciación a la diversidad de
comportamientos y acciones, en este apartado se da cuenta de las reflexiones de los
teólogos franciscanos en relación con: el respeto a la creación como expresión de la
bondad de Dios, la facultad de tener un libre albedrío, la unicidad de Cristo en la historia
del hombre (tanto personal como cósmica), entre otras
2
.
La comprensión de los rasgos de la teología franciscana se remonta a nivel histórico al
siglo XIII con la aproximación del personaje clave: Francisco de Asís; a quien su
comportamiento y pensamiento asociado a la enseñanza de la teología transforel
proceso de interacción religioso, incitando a un encuentro especial sustentado en la
oración y la devoción; valores que se habían perdido dentro de sus hermanos religiosos
3
.
De manera adicional, es importante señalar el papel que tuvo el reconocimiento intrínseco
entre la vocación evangélica y la teología académica por parte de los primeros
franciscanos; lo que entraba en contra posición con la mirada de la orden dominica. Este
proceso de aproximación sustentó un trabajo en la comunidad y en la necesidad misma
de no desligar la reflexión teológica y la disciplina académica
4
. Cabe mencionar que
Francisco de Asís es un teólogo vernáculo que, si bien no se gestó dentro de una
disciplina académica, demostró un profundo conocimiento en la investigación de
fuentes bíblicas.
1
PACHECO, E. “La revelación. Aproximación filosófica-teológica a la obra castellana sobre Juan Duns
Escoto” (Bogotá: Universidad de San Buenaventura, 2009)
2
LAZARO, Manuel “La tradición franciscana. Lugar de construcción de las bases filosóficas en la península
Ibérica” Carth, 26, 2010, 247-292
3
MIZZONI, J. Franciscan Biocentrism an the Franciscan Tradiction”. En: Victoria DAVION Ethics the
Environment” (Indiana University Press, 2008) 121-135
4
SHOR, Willian y Ilia DELIO “The Franciscan Intellectual Tradition”
https://en.ccfmc.net/images/The_Franciscan_Intellectual_Traditio1.doc2.pdf
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7
A partir de los procesos de reflexión de San Francisco de Asís en torno a la vida
académica, y su compromiso por la difusión de la palabra de Dios a través de lo que
considera un “llamado cristiano” se incentivó un seguimiento a sus pensamientos
5
. En
estos se resaltaba de manera particular acciones como la comprensión de la bondad de
Dios, el reconocimiento del Cristo pobre, el proceso de construcción simbólica del mundo,
la comunicación dinámica entre feligreses para entablar una fraternidad evangélica, la
importancia de la Eucaristía, entre otros. Es importante señalar que a partir de dichas
acciones se ejecuta un proceso de exploración que integraba las ideas de San Francisco
de Asís en asociación con el claustro, el púlpito y el aula.
La implementación y constitución de una educación teológica formal encaminada a partir
de la experiencia de lo divino y de seguir los parámetros del Evangelio estableció las
rutas para transmitir de manera formal la palabra divina a través del ejemplo. Aquellos
personajes que se vincularon a la lucha de Francisco de Asís y a la conformación de una
comunidad matriz sustentada en el ministerio del evangelio y la contemplación de Cristo
sintetizaron un comportamiento simbólico y cosmológico en el marco de un accionar
comprendido como el marco franciscano de pobreza y oración; esta última no solo
permite entablar un diálogo con Dios, sino para Dios; por lo cual se asocia con otro
elemento clave: la contemplación, la cual se entiende como el impulso orientado a la
misión, al realizar y proceder con el servicio
6
. La incorporación de diferentes pensadores
y aliados, como Clara de Asís, entre otros, ayudó a la expansión del pensamiento de
Francisco de Asís, floreciendo con éxito en zonas académicas, donde los frailes
empezaron a generar un interés por un estudio teológico formal sustentado en las
instrucciones del Evangelio y la incorporación de un proceso fraternal en pro de la
sabiduría religiosa o divina
7
.
Este enfoque franciscano de la educación, sumado a los cuestionamientos de disputa
con otras ordenes, permitió que la teología franciscana tomara posición en diferentes
temáticas como el conocimiento divino, el imagio Dei, la visión de Dios y el significado de
la encarnación de Cristo. El concepto imagio Dei (imagen de Dios) es comprendido como
5
MARTINEZ, Fernando. “El pensamiento franciscano en la cultura y en la Universidad” En: Revista de
Estudios e Investigación., XIV, (1998) 117-142
6
URIBE, Fray. Tareas de la teología franciscana en el futuro. En: El Ágora USB, Vol.11 No. 1. (Enero
junio, 2011),
7
AURELL, Martin. Francisco de Asis: entre historia y memoria. En: Anuario de historia de la iglesia, Vol.
20, (2011) 323-358.
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uno de los conceptos más importantes dentro de la doctrina teológica, argumentando que
existe un proceso de declaración de lenguaje figurado donde Dios le otorga un papel
importante a la humanidad, dado que es el único que cumple con características
diferenciales dentro del resto de la creación. Cabe mencionar que la interpretación de la
semejanza divina no cumple a cabalidad con el contenido metafórico, entrando en
conflicto con la comprensión antropológica de Dios y del hombre
8
.
Dentro de los pensadores más importantes que retoman el pensamiento de Francisco de
Asís se encuentra Buenaventura, quien recibió el hábito en 1243 y fue uno de los regentes
s importantes de la escuela teológica de Paris
9
. Dentro de sus trabajos más
importantes se encuentra la construcción de una visión cósmica del Evangelio, lo que dio
como resultado un proceso de reflexión en torno a conceptos como la emanación, la
encarnación, la redención, el retorno y la constitución de las bases en la comprensión
simbólica de la creación
10
. Por otra parte, desde la escuela de Oxford, se implementó un
trabajo similar al de Buenaventura, retomando la incidencia entre educación y teología,
por lo cual sentaron un proceso de reflexión que abarcó la exploración de la Iglesia y la
cultura, como de la vinculación con otras ramas del conocimiento, desde el punto de vista
de la ciencia, la filosofía y la teología; lo anterior se desarrolló en el recorrido del siglo
XIII.
Este recorrido breve y limitado a nivel histórico y educativo de la teología franciscana
permite identificar que existe, desde una base metafísica, la concepción de una posición
de Cristo y la evolución de la moral brindada o establecida por Francisco de Asís. De esta
manera, la apreciación de los rasgos principales, a nivel teórico y visual, de la teología
franciscana se fundamentan en la esencia que se posee al momento de percibir el
concepto del Evangelio y del comportamiento cristiano como: Dios es amor. Por lo tanto,
existe una fuerte incidencia en comprender la verdad y la experiencia de lo divino a partir
de un proceso de interacción con el medio ambiente, la justicia social, la espiritualidad, el
pluralismo de creencias y la incorporación entre religión y conocimiento potencial.
Para la comprensión de dicha verdad y experiencia, desde un proceso de reflexión
académica, se denota que la teología franciscana responde a un proceso de
8
URIBE, Pablo, “La categoria “el hombre, imagio dei” en la tradición bíblica” (Ecclesia XX, 4) 489-502
9
CHAVERO, Francisco. Ser y significar. Aproximación al simbolismo bonaventuriano. Universidad de
Sevilla. (Consultado el 06 de septiembre de 2020) p. 60
10
DELBOSCO, Héctor, Cuerpo y alma en la antropología de San Buenaventura, 2010, p. 98-9
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9
estructuración a partir de los designios de Dios, de la palabra Divina como regente dentro
de la interacción
11
. Los designios son aquellos actos o situaciones que corresponden a
una entidad divina, en el caso de las religiones judeocristianas este concepto hace
referencia a los procesos de explicación de aquellos elementos que son inentendibles
con la lógica humana. Desde el punto de vista franciscano, los designios divinos se
asocian con las enseñanzas de la vida de Cristo, con aquello que está estipulado en el
Evangelio y es necesario de transmitir como fuente principal del comportamiento humano.
San Francisco de Asís se comportó como un mensajero de los designios de Dios,
sustentado con ello un proceso de interacción con el prójimo y la fundamentación del libre
albedrío y la unicidad de Cristo en la historia del hombre.
Para la comprensión filosófica del comportamiento humano se parte de un punto de vista
teológico, principalmente por la vinculación con la unicidad de Cristo. En este sentido, el
empleo del concepto de teología posee múltiples aseveraciones teóricas basadas en el
pensamiento y las reflexiones filosóficas desde el punto de vista franciscano, dado que
existe un proceso de consolidación que permite contrarrestar e integrar diversas
teologías, como la monástica, la especulativa, la escolástica entre otras; las cuales
evocan un proceso ideológico particular asociado al vivir y el concebir el Evangelio. En
relación con esto, la teología franciscana responde, desde sus inicios, a una construcción
de un comportamiento en pro de la práctica del Evangelio y el desarrollo de una
orientación moral
12
, que incide en comprender y entender el libre albedrío. Esta
orientación se entiende como un instrumento de índole paternal que permite establecer,
a partir de los designios divinos, un comportamiento y un lenguaje que amalgama el
testimonio de ayuda al otro y de compartir la idea metafórica que permite establecer que
Dios es amor.
Dicho lenguaje metafórico constituye el pensamiento base de la teología franciscana,
sustentada en la educación, donde se remite a la interacción del hombre con el proceso
de comunión con Dios, reconociendo que existe una incidencia del pensamiento en la
salvación y en la conformación de un pensamiento desde y hacia Dios. Esta interacción
sugiere una forma de pensar, que se sustenta en la enseñanza. De acuerdo con
Francisco de Asís, la vida se compone a partir de aquello que se enseña, ya que se
enseña lo que vives y vives lo que enseñas
13
. Por ello, se gesta y se da un sentido a lo
11
MERINO, José y MARTÍNEZ, FRANCISCO. “Manual de Teología Franciscana”. (Madrid: Biblioteca de
Autores Cristianos, 2004) pp. 3-5.
12
CICCOTTI, F. “San Francisco de Asís y el Renacimiento” (Revista de los Estudios Americanistas, 18,
1931)
13
SARANYANA, José. El pensamiento teológico franciscano: San Buenaventura, Duns Escoto, Guillermo
de Ockham. P. 848.
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10
vivido y de lo enseñado, que se vincula con una serie de conceptos claves, considerados
como la columna del pensamiento del estilo de vida de San Francisco. Este estilo de vida
implicaba magnificar la experiencia y la interacción con la comunidad para vivir el
cristianismo
14
, el cual interactúa con Dios para la comprensión y explicación de los
hechos y de la vida.
A partir de ello, la teología franciscana inicia a caracterizarse como un modo de lectura
que integra la vida espiritual y religiosa con esquemas culturales determinados, donde se
establece plenamente la experiencia cristiana de la fe, el libre albedrío y la unicidad de
Cristo. De esta manera, a partir del sustento educativo, se puede enseñar con alegría y
con amor el Evangelio
15
; logrando de esta manera expandir el pensamiento de los
franciscanos, principalmente, en torno con los procesos de comunicación e interacción
con Dios. Cabe mencionar que este tipo de comunicación es vinculante con un lenguaje
poético que integra la interacción y la creación de espacios y eventos dedicados para la
interacción entre Dios y ser humano, como es la Eucaristía.
Comprender a la teología franciscana desde el punto de vista poético matiza y vincula en
gran sentido los comportamientos característicos de las ordenes franciscanas. En ellas
se sustenta que el trabajo arduo debe estar acompañado de un proceso de entrega hacia
el otro, dando como resultado una alegría; haciendo la analogía directa que, dentro de
las dimensiones de gran complejidad siempre habrá un elemento de gran gozo y
aprendizaje; el cual tiene su origen con las pruebas y designios que son dados por Dios.
Este trabajo duro al que se refiere se asocia con la vocación de construir una vida
alrededor de diversas mediaciones, como lo son el encuentro, la peregrinación, el
voluntariado, el sacerdocio, etc
16
.
Ahora bien, para los franciscanos, Dios se encuentra en un plano terrenal donde es
posible tener una relación directa con Él por medio de la creación. Lo anterior enmarca,
a diferencia de otras teologías, la necesidad de entablar modelos de interacción
horizontal y vertical. Esta forma de concebir la espiritualidad se sustenta en la Eucaristía,
donde se percibe que la relación horizontal con Dios es el resultado de una humildad
14
MONRROY, Benjamin. Una nueva oportunidad para la teología franciscana. S.f. p. 4
15
FITZSIMMONS, Robert. Understanding Franciscan Theology. Tradition and Spirituality, n/a. 2011, p.10
16
URIBE, Fray. Tareas de la teología franciscana en el futuro. En: El Ágora USB, Vol.11 No. 1. (Enero
junio, 2011), p.210.
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11
ofrecida, reiterando una jerarquía vertical
17
. Esta forma de valorar y estimar al prójimo
responde a una aceptación de entrega, de servicio, sin importar los impactos asociados
con el hombre y la sociedad.
La comprensión del servicio y la entrega, desde un enfoque antropológico, responde a
una obediencia y fidelidad, la cual se plasma también en la Iglesia y el Magisterio; estos
como entidades y no como espacialidades
18
. Esta interacción de fidelidad enmarca un
comportamiento significativo donde, desde la espiritualidad, se establece un compromiso
con el mundo, dado los planteamientos del Evangelio
19
. Cuando se habla del servicio
dentro de la teología franciscana se retoma otro rasgo, si bien los franciscanos se
caracterizan por el servicio, este no se maneja simplemente por la ayuda al prójimo, sino
en la oportunidad de enseñar y predicar el Evangelio. Se reconoce que cuando no existe
un proceso de predicación se aleja de los designios de Dios, ya que no hay
enriquecimiento de fe, ni de enseñanza
20
. De esta manera, la teología franciscana se
caracteriza por entablar rutas de trabajo que permitan un encuentro con Dios.
17
MONRROY. Op. Cit., p. 5.
18
FITZSIMMONS,. Op. Cit., p. 16
19
FITZSIMMONS,. Op. Cit., p. 26
20
MONRROY. Op. Cit., p. 7.
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12
2. Vestigium de la persona como categoría moral en San buenaventura
Dentro de los representantes de la teología franciscana se encuentra San Buenaventura,
quien examinó el concepto de persona para entablar un proceso de conexión con los
planteamientos del Evangelio y marcar uno de los puntos más importantes de la
antropología cristiana. La escuela de pensamiento de Buenaventura define a la persona
como un tipo de sustancia que interactúa con Dios a partir de una serie de relaciones e
interacciones, denotando, al estilo franciscano, que el ser humano ocupa el rango inferior,
en comparación con otro tipo de criaturas o seres, como lo son los ángeles. Este proceso
de clasificación no solo califica, sino que da cuenta de una interacción en torno al
concepto de persona, donde esta se define a partir de la interacción y la vida en comunión
que se establece con y para los demás. Para la comprensión de la persona humana, en
el presente apartado se hará uso del concepto vestigium, el cual expone, desde la teoría
franciscana, un análisis de la capacidad de ser y existir. Cabe mencionar que el vestigium
responde a un proceso de reconocimiento de las vivencias que tiene una persona con el
mundo (con Dios); es decir esa huella o pista de la esencia divina.
Juan de Fidanza o San Buenaventura de Bagnoregio fue uno de los teólogos escolásticos
más importantes de la era medieval, perteneciente al grupo de los menores. Se
caracterizó por tratar varias y diversas temáticas de la época, proponiendo en cada una
de ellas un tinte filosófico y teológico. Su pensamiento filosófico se caracteriza por la gran
influencia de San Agustín, al punto de ser considerado el mejor representante de su
pensamiento. A nivel teológico se le reconoce sus constantes reflexiones sobre la noción
aristotélica de la eternidad del mundo, el cuerpo, la persona, y la relación entre cuerpo y
alma. Lo anterior dio como resultado el desarrollo de una posible concepción de una
teoría de la persona humana, la cual alcanza su más alto de definición a la hora de
entablar una relación con Dios y con los demás, recalcando una visión trinitaria de Dios
(padre, hijo y espíritu santo) con las demás criaturas
21
.
A partir de la mirada ejemplificadora de los franciscanos, como de teología católica, San
Buenaventura desarrolla un concepto de persona desde el punto de vista de la
interioridad; el cual genera un revuelo teórico y reflexivo al detallar las formas de
concepción sobre el cuerpo y el alma, y la interacción entre ambas en relación con las
21
SOLIGNAC, Laure. “Persons according to Saint Bonaventure” En: Revue des Sciences Philophiques et
Theologiques, 94, 2010, 451-480 https://www.cairn-int.info/article-E_RSPT_943_0451--persons-according-
to-saint-bonaventure.htm
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facultades
22
. Estas facultades surgen, principalmente, de las enseñanzas sobre el
vestigio de la Trinidad creadora, donde se exhibe un comportamiento de enseñanza y
semejanza constituido a partir de la imagen de Dios. Esta imagen, como se hizo mención
en el primer apartado, denota un proceso metafórico para comprender el vestigium como
una huella de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad
23
.
Según la doctrina de Buenaventura, se recrea el concepto de persona hilado a la imagen
y semejanza, pero sin llegar a los extremos, ni a la generalidad ni a un individualismo; lo
que implica retomar a Dios como modelo o patrón para el proceso de creación, desde su
proceso de esencia. A nivel antropológico, el concepto de persona vinculado a la imagen
y semejanza denota la idea de ser sombras, de que aquella materialidad dada, diversa,
tiene una forma espiritual predominante, que cumple con una relación directa con lo
Divino; dando con ello la idea que toda criatura que procede de Dios es un vestigio
24
, Lo
anterior entra en concordancia con lo designado por Buenaventura en el Christus unus
omnium magister, donde se exhibe que las criaturas se pueden conformar a partir del
vestigio, de la imagen y de la semejanza; respectivamente. De esta manera, el vestigio
hace referencia al principio creativo, la imagen al objeto motivador (ej. El alma es una
imagen de Dios) y la semejanza como un don infundido en él
25
; es decir que son
diferentes grados y representaciones de la presencia total de Dios en la creación.
Esta formulación del vestigio permite entablar un proceso dentro de la teología
franciscana donde, desde la mirada de Buenaventura, la persona desarrolla atributos
como el saber, el poder, la sabiduría y la bondad; los cuales provienen de la manifestación
de la propia trinidad de Dios. De esta manera, el vestigio no es un proceso accidental,
sino es la conformación sustancial a partir de una causalidad divina, que deja una huella.
Ahora bien, esta huella se puede asociar con la moral, entendida desde un punto de vista
estructural como el comportamiento humano en relación con el bien y el mal; es decir con
una sabiduría intrínseca asociada con la compasión, la caridad, la cercanía, la
comunidad, el compromiso, entre otras
26
.
22
LARAZON, Manuel. La persona humana en San Buenaventura (En: Revista Española de Filosofía
Medieval, 13, 2006) p.71
23
KUKULKA, Krzysztof “The human person as Retano: the icon of the holy Trinity in St. Bonaventure” (UK:
University of Wales, 2012) .175
24
KUKULKA, op. Cit 175
25
KUKULKA Op. Cit 176
26
PARADA,José. “Fundamentos de la teologia moral franciscana” En: Carthaginensia: revista de estudios
e investigación, XVII (Enero-Diciembre 2002) 299-319.
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De esta manera, concebir la moral de la persona, desde la teología franciscana implicaría
hacer una aproximación en el ámbito de la razón, la cual está construida de acuerdo con
un problema filosófico en tres campos: el metafísico, el moral práctico y el lingüístico
hermenéutico. El problema metafísico se encuentra fundamentado en describir aquello
moral basado en las funciones atribuidas a Dios; de esta manera, la configuración
teológica deviene de crear o percibir un mundo metafísico sustentado en el ser y la
verdad. Por otra parte, el moral práctico se asemeja directamente con aquella realidad
sustentada en los principios Divinos, por lo cual la moral se asocia con elementos de
rectitud y de un comportamiento agradable ante los ojos de Dios. Finalmente, la moral
desde un punto de vista lingüístico hermenéutico se asocia con el Evangelio, donde a
partir de su interpretación se designan reglas para obrar justo; es decir un sentido moral
e instruccional
27
.
El entablar un proceso de asociación entre moral y actuación, desde la teología
franciscana tiene una incidencia en la comprensión del vestigio y con los rasgos
expuestos en el primer apartado; dado que el hombre encuentra su sustancia al momento
de estar vinculado con el otro, con el servicio
28
. Por tal motivo, el hombre, como persona,
no desarrolla su carácter moral desde la individualidad, por otra parte, afianza su
naturaleza ontológica y metafísica a partir de la articulación con otros
29
. Esta
aproximación antropológica bonaventuriana responde a una interacción que se sustenta
en la bondad y la conveniencia, dado que el hombre es moral a partir de su bondad que
surge desde y hacia el otro, configurando una realidad fundamental sobre la oración, la
devoción y el servicio; los anteriores asociados con los rasgos de la teología
franciscana
30
.
2.1 Perspectivas del Vestigium en San Buenaventura
Para abordar el pensamiento teológico de vertiente franciscana en su acepción
antropológica propuesta por San Buenaventura de Bagnoregio desde la noción de
vestigium (vestigio) como categoría moral, es necesario evaluar los supuestos teóricos,
27
PARADA Op.cit. 300-5
28
LAZARO, Op. Cit., p. 1672
29
CHAVERO, Francisco. Ser y significar. Aproximación al simbolismo bonaventuriano. Universidad de
Sevilla. (Consultado el 06 de septiembre de 2020) p. 60
30
KUKULKA, Krzysztof “The human person as Retano: the icon of the holy Trinity in St. Bonaventure” (UK:
University of Wales, 2012) .179
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así como las interpretaciones que se derivan de lo planteado en la Opera Omnia frente a
este respecto. Para ello será primordial comprender en primera medida cómo opera este
vestigio en los ámbitos metafísico, moral práctico y hermenéutico. Cada uno de estos
ámbitos representa una perspectiva concreta de la trinitas, un grupo tripartito de
elementos que configuran el vínculo del cuerpo, alma y espíritu, con Dios
31
. Al camino
por medio del cual se revela la intimidad con lo divino se le conoce en el pensamiento de
San Buenaventura como el itinerarium, se trata de la conciencia que hace posible la
reflexión de los momentos de encuentro con Dios
32
.
La reflexión sobre estos encuentros nace a posteriori, cuando las experiencias y las
vivencias han sido profundizadas, cuando después de asumirlas se comienza a
reflexionar sobre ellas, es allí donde se revela el papel importante que estas tuvieron, es
decir, “en el que el relato se constituye como realidad consciente, este se convierte
necesariamente en un modelo para la vida, modelando las experiencias futuras de un
modo consciente e intencional”
33
. Al camino que a través del saber consciente plasma el
encuentro con Dios, a ese camino es al que llamamos itinerarium, son aquellas fases,
desarrollos, periodos, presentimientos, causas y perspectivas que sólo toman conciencia
de reflexión en su vínculo con lo divino una vez atravesada la experiencia, no propiamente
en ella. En consecuencia, el itinerario espiritual se trata de un proceso de toma de
conciencia
34
respecto a las experiencias vividas como pasos de encuentro con Dios, es
la construcción imaginaria de un sentido espiritual para toda vivencia amorosa de
encuentro entre el devoto y lo divino.
Al seguimiento progresivo y continuo de este itinerario espiritual se conoce en la filosofía
de San Buenaventura como el ascenso, este hace referencia al camino que ha de seguir
el devoto para alcanzar la paz en su alma al encontrarse con Dios
35
. San Buenaventura,
no obstante, manifiesta que este escalar sólo ocurre en el mundo interior, la
transformación y el crecimiento sólo pueden tener lugar en el corazón y los múltiples
grados en los que se desenvuelve la interioridad y la espiritualidad del devoto. Bajo esta
perspectiva todo lo creado por Dios es también una escala para acercase más a Él, toda
vivencia, toda experiencia supone un peldaño que tiene sentido para el camino dirigido
31
DELBOSCO, Héctor, Cuerpo y alma en la antropología de San Buenaventura, 2010, p. 98-9
32
OSSA, Wilson. El hombre como semejanza expresiva de Dios: Consideraciones en torno a la propuesta
antropológica de San Buenaventura en el Itinerarium Mentis in Deum (Bogotá, 2008), 30.
33
Ibid.
34
OSSA, Wilson. El hombre como semejanza expresiva de Dios: Consideraciones en torno a la propuesta
antropológica de San Buenaventura en el Itinerarium Mentis in Deum (Bogotá, 2008), 31.
35
Ibid.
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al encuentro con Dios
36
. Pese a ello, todos los caminos que ha preparado el itinerario
espiritual pueden ser interpretados en tres sentidos, a saber: 1) un sentido metafísico,
que alude a la cosmología cristiana, donde las creaciones divinas juegan un papel
fundamental para forjar un camino de encuentro con Dios; 2) un sentido práctico moral,
desde el cual en la ayuda al prójimo se revela la esencia del plan divino; y 3) un sentido
hermenéutico, por medio del cual es posible encontrar en las sagradas escrituras a través
de su interpretación, testimonios de un camino dirigido al encuentro con lo divino. Es así
como las perspectivas del vestigium de San Buenaventura puede ser abordado desde
estos tres ámbitos.
Cabe aclarar que no sólo existe una mirada tripartita para la exploración del concepto de
vestigio como categoría moral en la filosofía de San Buenaventura, también es el itinerario
espiritual un proceso dividido en tres partes. Por un lado, se encuentra 1) el vestigio
(vestigium), se trata de las señales o huellas que podemos distinguir en toda la creación
divina, para San Buenaventura la criatura en sus aspectos corporales, temporales y
exteriores -esto es, el mundo material-, es testimonio de la esencia de lo divino en el
mundo y a través del cual se ve manifiesta la existencia divina. De igual manera
encontramos como parte del itinerarium la 2) imagen divina, a partir de la exploración de
la creación espiritual, interior e inmortal se nos revela la in veritati Dei, la verdad de Dios
en el camino del mundo que Él mismo ha creado para los hombres
37
, es aquella
exploración de neustra alma que os revela el contacto con Dios. Finalmente encontramos
como último camino del itinerarium el encuentro con Él mismo, aquí, al considerar a Dios
como primer principio, creados de todas las cosas, entidad ínfimamente superior o
soberano espiritual, debemos necesariamente asumir que no trascendemos lo divino, sin
embargo, tenemos la capacidad para trascender todo lo creado con el fin de gozar de
aquello que ha sido dispuesto por el Señor para la humanidad
38
. Tales son las tres etapas
del itinerarium, de manera que el vestigio opera en relación con la presencia de la Trinidad
en todas las criaturas y todo lo creado (por separado o al mismo tiempo); en la imagen la
Trinidad se revela gracias a la capacidad de interpretación racional e inteligible del
espíritu; y en Él mismo, llega a conocerse la Trinidad en cuanto a la semejanza con el
creador, donde sólo a unas pocas personas que han recibido la gracia divina, les es
posible encontrarse con Dios
39
.
36
Ibid.
37
OSSA, Wilson. El hombre como semejanza expresiva de Dios: Consideraciones en torno a la propuesta
antropológica de San Buenaventura en el Itinerarium Mentis in Deum (Bogotá, 2008), 40.
38
OSSA, Op. Cit. 41
39
Ibid.
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17
El pensamiento de San Buenaventura enmarca la triple gradación del itinerario espiritual
que tiene por fin alcanzar la paz en el alma, esto es, encontrarse con el plan divino, dentro
de una concepción metafísica, práctica moral y hermenéutica. A continuación, se
desarrollarán estas perspectivas.
2.2 Metafísico
Para comprender la acepción metafísica de la categoría moral del vestigium es necesario
comprender cómo la naturaleza configura un camino de transformación que se dirige
hacia lo divino, como se recrea el itinerarium. Dentro de la perspectiva de San
Buenaventura, la naturaleza representa el testimonio de la acción divina, además de ser
el puente entre las criaturas y el Creador
40
. A su vez, es posible decir que existe un gran
distanciamiento entre las criaturas y Dios, sin embargo, para la naturaleza divina no
pueden ser ajenas las criaturas, desde ella no hay distancia alguna con respecto a lo
creado. Esto se debe principalmente a que Dios es asumido como causa primordial, es
aquella esencia última que sostiene lo demás
41
. En consecuencia, el mundo no sólo es
naturaleza, sino testimonio de la creación, puesto que es el elemento fundamental que
permite la operación de todo lo existente
42
.
De esta manera es posible identificar la fuerte influencia aristotélica que tenía San
Buenaventura, la asunción de un motor, una sustancia fundamental que diera lugar al
movimiento y existencia de las cosas -llámese motor inmóvil- es casi explícita en esta
noción. No obstante, la asunción de Dios como principio último de toda existencia,
contrasta con el aristotelismo centrado en la necesidad teleológica, ya que la pregunta
acerca del porqué de lo sobrenatural persiste sin ser respondida en el pensamiento de
Aristóteles
43
.
40
CRESTA, Gerald. Miram concordia et harmonia”: la relación naturaleza-persona en San Buenaventura,
Scripta 2 (2009); 16.
41
Ibid.
42
PANIKER R., El concepto de naturaleza, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Madrid, 1951);
164.
43
PULIDO, Lázaro. LA LECTURA BONAVENTURIANA DE ARISTÓTELES DESDE SAN FRANCISCO,
PENSAMIENTO 73 (2017); 107.
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Entonces, la naturaleza será entendida como aquella que constituye las entidades,
determinándolas en el proceso, sin embargo, aquello que sustenta son cosas, elementos
de lo creado
44
; por otra parte, las personas no equivalen a cosas, sino que equivalen a
un qué, comprendidas como entidades. De manera sucinta, esto refiere al hecho de que
aquello que posee natura representa lo creado, y la especie se constituye en razón no
sólo de ser parte de la creación, sino debido a que a través de la semejanza se acerca a
Dios
45
. Aquí la pregunta por lo sobrenatural sale a flote en términos de la persona creada
en tanto distinta de una persona divina, si estos términos fuesen unívocos se caería en
una contradicción, esta radicaría en que la persona es dotada de rasgos divinos que
existirían previa y distintamente de la creación, en este sentido, tendríamos que asumir
que el ser comparte la misma naturaleza que Dios
46
, de suerte que el carácter singular
de lo divino quedaría en entredicho.
Bajo esta visión la perspectiva antropológica considera a las personas como parte del
proceso de generación natural, en ella las personas se reproducen a través de su
naturaleza, generando una similar a la propia. Este proceso de generación personal es
en la teoría bonaventuriana una analogía al tránsito del Logos divino, desde el Padre
como origen de todo se construye una comunicación que surge de la simpleza e
indivisibilidad de la naturaleza divina, de modo que en la totalidad de lo creado sea
absolutamente comunicable su naturaleza
47
. Por lo tanto, se puede afirmar que, en el
entramado metafísico propuesto por San Buenaventura, el vínculo con lo divino se
manifiesta ampliamente en lo creado, este proceso se da a partir de las vivencias que
tiene la persona con el mundo que a manera de signo revela a Dios, a esto es a lo que
propiamente llamamos vestigium, una huella, una pista, de la esencia divina. San
Buenaventura lucha por comprender el parentesco divino sin eliminar la singularidad del
Padre como causa y esencia de todo, en consecuencia, mantiene el parentesco
ontológico entre la causa ejemplar (Dios) y el efecto ejemplado (acciones humanas)
48
. La
causa ejemplar es radicalmente distinta del efecto que provoca, en tanto vestigio de lo
divino que se revela a la persona como símbolo, la causa se diferencia esencialmente en
su naturaleza divina de los actos generados en los hombres por aquella revelación. En
consecuencia, la persona natural no podrá ser de igual manera una persona divina.
44
CRESTA, Gerald. Miram concordia et harmonia”: la relación naturaleza-persona en San Buenaventura,
Scripta 2 (2009); 12.
45
Ibid.
46
CRESTA, Gerald. Miram concordia et harmonia”: la relación naturaleza-persona en San Buenaventura,
Scripta 2 (2009); 16.
47
PULIDO, Lázaro. LA LECTURA BONAVENTURIANA DE ARISTÓTELES DESDE SAN FRANCISCO,
PENSAMIENTO 73 (2017); 107.
48
Ibid.
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En tanto la naturaleza se muestra como signo revelador de la esencia de lo divino,
podemos describir el pensamiento de San Buenaventura como una ontología simbólica,
ya que la relación entre lo expresado por lo natural como parte de un camino hacia la paz
del alma
49
constituye un paso fundamental en el itinerarium, el camino para comunicarse
con la esencia divina. El vestigio, aquel rezago de la esencia de lo divino en lo creado, es
fundamental para todo proceso de comunicación con Dios. La naturaleza es en un sentido
metafísico la representación simbólica que revela el origen ontológico divino de todo lo
existente.
¿Cómo estos vestigios configurar un camino a Dios? En el hombre opera el proceso
semántico de interpretación del símbolo a través del entendimiento, desde su naturaleza
racional la persona es capaz de identificar la semejanza y, además, es a partir de ella
que le es lícito identificar la causa de su deleite por la creación
50
. La claridad de lo natural,
es decir, la forma transparente en la cual se revela la divinidad tiene lugar a nivel
inteligible, lo creado como símbolo acontece en el mundo de las personas, quienes
pueden interpretar aquellos vestigios para conocer la razón de lo creado
51
. Se puede
considerar que este proceso tiene como principio fundamental el intentar desentrañar la
causa de los objetos, puesto que lo externo de ellos es traspasado ontológicamente por
la perfección manifiesta de lo divino en tanto la maravilla de lo creado. De esta manera,
el hombre conoce a Dios a través del vestigio divino que permanece en la naturaleza de
manera tácita y transparente, donde el hombre ve reflejado a lo divino como si se tratase
de un espejo
52
.
Para comprender por qué el vestigium, no sólo como elemento fundamental del
itinerarium, sino como categoría moral es aplicado al pensamiento de San Buenaventura,
debemos aceptar primeramente aquella interdependencia entre los ámbitos metafísico,
moral práctico y hermenéutico. En lo que respecta al ámbito metafísico la conexión se da
en rminos del carácter racional, el cual permite la revelación de lo divino a partir del
símbolo que hace inteligible la semejanza, esta racionalidad se da en dos sentidos: por
un lado, 1) una inteligencia espiritual, a partir de la cual le es posible a la persona entender
49
OSSA, Wilson. El hombre como semejanza expresiva de Dios: Consideraciones en torno a la propuesta
antropológica de San Buenaventura en el Itinerarium Mentis in Deum (Bogotá, 2008), 53.
50
PULIDO, Lázaro. LA LECTURA BONAVENTURIANA DE ARISTÓTELES DESDE SAN FRANCISCO,
PENSAMIENTO 73 (2017); 111.
51
Ibid.
52
Ibid.
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las escrituras a partir de la comprensión alegórica, contemplativa e histórica
53
; y por otro,
2) una inteligencia típica, centrada en mantener la concordancia entre el antiguo y nuevo
testamento. El objetivo del planteamiento bonaventuriano es llegar la comprensión de la
exégesis simbólica que revela el principio y causa última de todo, la naturaleza a manera
de ejemplo y vestigio de la esencia divina que se plasma en el hombre como algo
semejante a un elemento primario, una efigie divina
54
.
2.3 Moral Práctico
El aspecto moral práctico del vestigio supone una concordancia entre la revelación de la
esencia divina y, en consecuencia, un seguir las reglas de comportamiento planteadas
por Jesucristo, de suerte que no haya coacción ni rigidez, sino que se esté guiado por los
mandatos de amor puesto por él en el mundo
55
. De esta manera, el centro de todo
comportamiento deberá ser